Los últimos dos meses pasaron como un abrir y cerrar de ojos, frente nuestro. Como es usual, con los negocios del Creador, nos dejó diferentes a cómo nos encontró… todavía no sabemos qué significa.
A mediados de Abril recibimos una pequeñita de ojos azules como el cielo, de tan sólo 5 meses. Mamá adolescente y una familia llena de miembros que querían cuidar a la bebé, pero no se ponían de acuerdo. Entonces el PANI la retiró, para con tiempo, poder revisar las opciones de cuido. Nos comprometimos a 5 meses de acogimiento. Nos dijeron que duraría máximo 4. Dios lo resolvió en mes y medio. Reconozco que las oficinas del PANI hicieron un trabajo admirable.
En un devocional acerca de FOSTER CARE (acogimiento) leí que en el momento que una mamá reconoce que no puede cuidar a su hijo, todo la comunidad que la rodea, ha fallado.
Por supuesto que los hijos son de sus padres, pero son de una familia, son de una comunidad, son de un país. ¿donde están todos ellos?
La sobrina temporal que recibimos era tan bella como una perla, y todas las personas que la conocieron decían a coro ¿cómo pudieron entregarla?
La mayoría de niños que entran el sistema de protección son la cereza de un pastel, con sabor agridulce. Con capas de mamás, abuelas y bisabuelas que han ¨sobrevivido¨ a años de dolor, abuso y negligencia. Posiblemente ellas mismas necesitaron protección en algún momento y no se le ofreció a tiempo.
Esta bebé dormía como un oso, comía divinamente y no ¨jodía¨. Pero los niveles abismales de enojo, ira y frustración que manejaba eran más tristes y agotadores que cualquier noche en vela, cólicos o llantos incesantes.
La primera semana no hacía contacto visual, no respondía a ningún tipo de estímulo. Hasta la segunda semana empezó a responder cuando íbamos por ella a la cuna, tenía una cara de sorpresa como ¨wow, viniste por mi!¨. Literalmente la vimos florecer. Cada sonrisa era un triunfo, porque evidentemente estaba en duelo, posiblemente por su separación, pero mayormente en duelo por su corta vida, y lo que había vivido en ella.
Durante las siestas se podía dormir solita, chupándose el dedo. Pero en la noche entraba en pánico. Sudaba, se endurecía, cambiaba la mirada. Eso ya lo hemos visto antes. No quería que la alzaran, ni que la chinearan, sólo estaba en pánico. Hasta finales de la segunda semana, literalmente se rindió en mis brazos, para que me dejara dormirla.
Para mi como tía, fue toda una cuarentena. Pasé por todas la emociones que viví con mi primer hijo. De repente no sabía quien era, como mamá/tía de dos, de repente ya no era tan independiente como antes, porque volví a tener una bebe. Una que no conocía. Una bebé enojada, que activaba mi enojo también.
“If the children have been traumatized, you may see this come out in unusual behaviors or fear. All of this may lead to your own fear and heartbreak.”
Y la gente alrededor sólo sabía decir ¿están entrenando para el segundo hijo?. Como si el acogimiento fuera para beneficio propio. Como si el acogimiento fuera muy motivador para tener hijos. Como si el acogimiento estuviera lleno de confites.
Un desconocido le pregunto a mi esposo ¿qué satisfacción ganas al hacer acogimiento?… a mi me dejó pensando… porque para mi satisfacción es placer, y el acogimiento no está lleno de placeres. Pero mi respuesta sería: mi satisfacción sería el librarme de la necesidad urgente que tengo de compartir lo que tengo, que no es mío, es de mi Creador.
Esta es la segunda parte del post… acerca de compartir:
Nuestro hijo nos dio una lección de acogimiento. Es sólo un niño pequeño, pero entendió claro que su prima temporal no tenía papás en este momento y que ocupa que la cuidáramos.
La llenó de besos, de abrazos, el quería ser el que le daba de comer, el que le cambiaba el pañal, el que le daba instrucciones.
Por supuesto que eso también significo unos cuando pleitos por el territorio, pero fue más el amor, que lo celos.
Yo me preocupé durante ese mes y medio de seguir teniendo tiempo de calidad con él, pero curiosamente el no quería estar separado de mi, si eso significaba que la bebé no estaba. El quería que todos estuviéramos juntos.
Justo cuando ya estaba todo bajo control, lo cuál nos tomó como 7 semanas. Nos llamaron para decirnos que la bebé finalmente podía volver con un familiar. ¡brincamos de alegría! Pero lloré al pensar que todo lo que nos costó que nos buscara con la mirada, ahora nos iba a buscar y no nos iba a encontrar.
Gracias a Dios tuvimos unos días para explicarle a la bebé, que ahora iba a ver a los ojos a su familiar. Le dije ¨me vas a buscar y no me vas a encontrar, pero me encontraras en tu memoria. Ahora tu pariente te va a bañar, cambiar el pañal…¨
A unos amigos les preocupaba que no sabíamos cómo su pariente la iba a cuidar. Por nuestra parte hemos aprendido que no somos nadie para juzgar a nadie. ¿quien soy yo para decir que yo la puedo cuidar mejor que alguien más?
Ninguna mamá es mejor que otra mamá. Yo no soy mejor que una mamá biológica, abuelita o mamá adoptiva. Todas somos importantes e irremplazables.
La dejamos ir, con gran gozo. Nuestro hijo entendió que la bebé la iba a cuidar un pariente y buscamos entre sus cosas algo para ella se llevara.
Eso es el acogimiento, ellos se llevan algo nuestro que no recuperaremos y nosotros jamás los olvidaremos. Eso es un amor que no habíamos conocido antes, que llena nuestros días de las emociones más fuertes, y al mismo tiempo de un propósito muy profundo. Porque nos mueve algo más fuerte que nosotros mismos y lo dejamos actuar.
PD: gracias a los otros tíos de nuestra sobrina que nos ayudaron a equiparnos en tiempo record, y a quienes nos apoyaron económicamente durante ese tiempo, también llenando su equipaje de ropita, juguetes, pañales y leche para apoyar al familiar que la iba a recibir durante la transición.